A través de la historia, se da mucho este fenómeno, ya sea consciente o inconscientemente. Hay casos que han terminado en la corte, con veredictos que a veces parecen absurdos o desproporcionados, y en otros solo percibes el guiño.
Por ejemplo, una de las mejores canciones de George Harrison: el manager y el dueña del catálogo del grupo The Chiffons lo demandaron por «My Sweet Lord». Sí se parece mucho a la de The Chiffons, y perdió el juicio por ser un plagio inconsciente, según dijeron; e irónicamente, The Chiffons grabaron más tarde un cover de «My Sweet Lord». Y tal vez tuvieron más éxito en la corte que en su carrera musical. Posiblemente sin este juicio el día no sabríamos de su existencia.
Otro ejemplo menos sonado —y que a mi parecer encaja perfectamente en la estructura— es «La mentira», de Álvaro Carrillo, y «La patita», de Gabilondo Soler. ¿Por qué creo que Carrillo basó su canción en «La patita», ya sea consciente o inconscientemente? Por lo siguiente:
Gabilondo Soler (Cri-Cri) nació en 1907 y publicó en 1949 «La Patita». Mientras que Álvaro Carrillo nació en 1919 y publicó «La mentira» en 1965. Por las fechas podemos saber que «La patita» se dio a conocer primero, y en el ambiente infantil de México fue un bestseller. De hecho, yo creo que Gabilondo tiene un gran espacio en los corazones de los niños, más aún en los de los años 60, y estuvo vigente mucho tiempo en películas y en su carrera musical. A pesar de ser música infantil, tal vez por lo mismo era el máximo exponente —o tal vez creador— del género en México.
Si usted canta la letra de «La patita» dentro de la estructura de «La mentira», encaja perfectamente en tiempo y en ritmo. Por lo tanto, siento que se basó en esta para escribir su canción.
Supongo que «La mentira» fue un éxito al ser publicada en los 60, y años más tarde —unos 30 después— la desempolvó Luis Miguel en sus discos de boleros que fueron tan populares.
Estimado lector, ¿usted qué opina? ¿Conoce más canciones que se parezcan entre sí? Más adelante daremos ejemplos de este tipo de casos que llegaron a la corte, o simplemente reflejan la avaricia de alguna casa editora de música o de abogados sabiendo que pueden hacer dinero sin tener un ápice de talento musical. Como decía John Lennon: «Hay gente que cree que la música le pertenece».
