Cabo de miedo

Cabo de Miedo: Una deuda de treinta años

Hace treinta años, en los cines Gemelos del Gigante en Acoxpa, pasaba algo que nunca olvidé.

Dos salas. Una película en cada una. En una: Cabo de Miedo. En la otra: El Gran Cañón. La cercanía de los títulos generaba una broma que me persiguió durante años: “Me cago de miedo en el Gran Cañón”.

Nunca vi ninguna de las dos.

Pero siempre supe que Robert de Niro protagonizaba Cabo de Miedo, y por eso mismo —por la rareza del título, por la promesa de ese thriller de tensión clásica— me prometí que algún día la vería. Un thriller bien hecho es distinto. Es ese estar al borde de la silla, esa música que te estruja, esa sensación que a veces genera más miedo que las películas de terror genuino.

Pasaron décadas. Nunca la vi. Hasta ahora.

Hace poco la estrenaron en Apple TV. Y aquí está lo raro: yo no soy fan de las series. Siento que no pueden contar una historia en dos horas sin inflarse. Prefiero películas. Siempre.

Pero Cabo de Miedo me tiene enganchado.

Amy Adams es extraordinaria en esto —es una actriz que eleva todo lo que toca. Y Javier Bardem… bueno, Bardem es Bardem. Simplemente brillante.

Esto me ha generado curiosidad por ver la versión original de 1962 y la de De Niro. Es verdad que casi nada hay nuevo en cine. La música, la estructura, los personajes: todo se recicla. Pero las refrescan de cierta manera, y eso tiene su valor.

Eso de dormirse con miedo

Por ahora, aunque no soy fan de las series, me he acostumbrado a retomar esta. Algo de esa sensación de “miedito” que te acompaña al apagar la pantalla, jaja. Es incómodo. Es adictivo.

Así que eso. Si la vieron ya, ¿qué les parece?

(Sin spoilers, porfa. Vamos apenas empezando.)

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